La sesión de hoy en el Senado no solo define el marco laboral del país; también mantiene en vilo a la industria automotriz. El capítulo fiscal del proyecto contempla la eliminación definitiva de los impuestos internos -conocidos como "impuesto al lujo"-, una medida que pondría fin a 12 años de distorsiones en el mercado de vehículos.

El impacto en los precios

De aprobarse la norma, los autos de alta gama y suntuosos verían una reducción de precios de entre el 15% y el 25% a partir del primer día hábil del mes siguiente a su promulgación. Actualmente, los vehículos con precios superiores a los $103 millones tributan una alícuota del 18%, lo que eleva su valor final por encima de los $120 millones.

Aunque este segmento representa solo el 1% del mercado, su liberación impositiva generará un "efecto cascada". Los modelos que hoy se encuentran apenas por debajo del tope (D-SUV y C-SUV de entre $80 y $100 millones) deberán reacomodar sus valores para no quedar fuera de competencia frente a vehículos de categorías superiores que ahora bajarán de precio. 

Incluso las pick-ups, que están exentas por ser vehículos comerciales, podrían sufrir ajustes en sus versiones "full" (que rozan los $105 millones) para mantener la competitividad del segmento.

Un mercado en suspenso

La expectativa paralizó las ventas premium desde diciembre. Ante la inminente baja, los clientes puesieron sus operaciones en "pausa", al obligar a las automotrices a tomar medidas de emergencia.

Algunas marcas ofrecen descuentos del 10% para intentar cerrar ventas hoy. Otras empresas decidieron no nacionalizar unidades, manteniéndolas en depósito fiscal a la espera de la nueva ley.

El legado de un tributo distorsivo

El impuesto, que cobró notoriedad en 2013 bajo la gestión de Cristina Kirchner, nació para frenar la salida de divisas en un contexto de brecha cambiaria. Sin embargo, terminó convirtiéndose en una traba sistémica.

En 2023, la inflación llevó a que el 80% del mercado quedara afectado, obligando a las marcas a "topear" precios (listas con valores ficticios) para evitar escalas impositivas que llegaban a tasas efectivas del 53%.